sábado, 17 de septiembre de 2011

Sin tazón de madera (*)

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil. La sopa caía de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar la taza, derramaba la leche sobre el mantel. El hijo y su esposa se cansaron de la situación...

"Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo".

     Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en vez miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida. El niño de cuatro años observaba todo en silencio.

     Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le preguntó dulcemente:

-"¿Qué estás haciendo?"

Con la misma dulzura el niño le contestó:

-"Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos". Sonrió y siguió con su tarea.

     Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

     Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días se sentó a la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

     Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia construimos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas. Seamos instructores sabios. Independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo”.

Moraleja:la gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste sentir”.

     Les deseo un muy feliz día a todos los papás, a los abuelos (papás por partida doble) y a los jóvenes “futuros papás”. ¡Que pasen un muy feliz domingo en familia y que el Buen Dios los bendiga!

     Hasta el próximo encuentro.



Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com



(*) Artículo publicado en Faro Familiar en junio de 2011 con motivo del Día del Padre.


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