viernes, 1 de agosto de 2014

Aprender de los niños

Aprender de los niños

¡Hola amigos!

     Cuando yo era chico, el primer domingo de agosto en Argentina celebrábamos el Día del Niño. Parece que,  para que los padres puedan cobrar el sueldo y comprar los regalos para sus hijos, los que los venden han propuesto cambiar la celebración para el segundo domingo de agosto. Con tanta propaganda los chicos hace semanas que están pidiendo lo que quieren que les regalen para celebrar su día.

     Más allá de los regalos, hoy te propongo que pensemos otra forma en que los adultos podemos celebrar el Día del Niño.

     Cuenta la Biblia (Mc 10, 13-16) que algunas personas presentaron sus niños a Jesús para que Él los tocara, y los discípulos reprendieron a esa gente. Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: “Dejen que los niños  vengan a mí. ¿Por qué se lo impiden? El Reino de Dios es para los que se parecen a los niños, y les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.  Jesús los abrazaba y luego ponía sus manos sobre ellos para bendecirlos (1).

     ¿Cuál es la actitud correcta del adulto frente al niño?

     Hoy, con el progreso de la ciencia, de la pedagogía y la reforma educativa, la más grande preocupación de los adultos es formar bien a sus hijos. ¿Existe igual preocupación en los padres de familia y en los adultos de aprender de los niños y de los  jóvenes? ¿Para qué sirve la escuela? ¿Para hacer que los niños piensen como adultos o para  ayudarlos a ser ellos mismos?

     Nos duele nuestra realidad de tantos niños desnutridos, abusados, explotados, maltratados, escandalizados… Son gritos que nos horrorizan (Mt 18,6-7). ¡Tantas situaciones y tantas personas les “hacen imposible la vida”! Como sociedad, los adultos tenemos el compromiso de regalarles una vida más humana. Algo tenemos que hacer para que los niños no sólo sean “destinatarios” sino “protagonistas” de una vida digna.

     Muchos se preocupan solamente de lo que deben enseñar a los niños. Jesús se  preocupa también de convencer a los adultos de que pueden aprender algo de los niños.

     El segundo domingo de agosto, si pueden, no dejen de hacerles algún regalo a sus chicos. Pero también, como nos enseña Jesús, no dejemos de aprender de ellos.

     ¿No les parece una buena forma de celebrar el Día del Niño hoy, el domingo que viene y todos los días?

     Hasta el próximo encuentro.


(1) Cfr. Carlos Mesters, Círculos Bíblicos.

Jorge F. Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com