jueves, 7 de junio de 2012

El tiempo vivido

El tiempo vivido

Hola amiga/o.
Hoy quiero hacerte una invitación. Te invito a que dejes salir al buscador/a que hay en vos para que puedas vivir en plenitud y muy feliz la vida que se nos ha regalado.

     Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando; es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

     Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de sus abuelos. Luego de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, la pequeña ciudad. Un poco antes de llegar, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada. Una puerta chiquita de bronce lo invitaba a entrar.

     De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y comenzó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

     Sus ojos eran los de un buscador, quizás por eso descubrió, sobre las piedras, aquella inscripción: “Pedro, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”.

     Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Ésta decía: “Juanita, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”.

     El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, era una tumba. Una por una empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años...

     Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. “No, ningún familiar” -dijo el buscador- “¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la terrible maldición que pesa por sobre esta  gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?”

     El anciano sonrió y dijo: “Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple los quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado... y a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

     Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media?... Y después... la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?... ¿Y el embarazo y nacimiento del primer hijo?... ¿Y el casamiento de los amigos?... ¿Y el viaje más deseado?... ¿Y el reencuentro con la familia?... ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?...  Así... cada momento que disfrutamos lo vamos anotando en la libreta... cada momento.
Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.

     Amiga/o, te deseo que seas muy feliz. Por eso te invito a ser un buscador y valorar el tiempo vivido.

     Hasta el próximo encuentro


Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com



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