Ser papá en una sociedad sin padre
Hola amigo.
¡Feliz Día para todos los papás!
Desde hace 10.000 años, al surgir el patriarcado, el varón asumió, sin la compañía de la mujer, demasiadas tareas: ser jefe de la familia, organizar la vida pública, crear y ordenar el Estado, manejar los mecanismos de poder, hacer la guerra… “A todas estas tareas se asoció la ideología de que debía ser fuerte, eficiente y vencedor. Nunca podía fracasar ni perder, pues debía ser el pequeño dios sobre la tierra.
Las sociedades modernas han llegado a tal grado de complejidad que han superado la capacidad de gestión y de control del hombre, que se ha transformado en un dios cada vez más irrisorio. Podía fracasar… y fracasó. No es dios, sino un simple mortal, débil que llora y clama socorro. Pero la sociedad le sigue pasando facturas que no sabe cómo atender. De ahí el eclipse de la figura tradicional del padre. La crítica anti-patriarcal se ha convertido en una crítica anti-padre, que ha acarreado una pérdida considerable para la familia y para los hijos/hijas.
Este hecho no representa en sí mismo una aberración, sino un fenómeno propio de las modernas sociedades masificadas. Pero es fundamental distinguir entre los modelos de padre y el principio antropológico del padre. Una sociedad que, al criticar un modelo de padre (el patriarcal), llega a afectar con una crítica sin discernimiento el principio antropológico paterno, comienza a perder el rumbo, ve crecer la violencia, asiste a la demolición de la autoridad y permite que impere la falta de límites en las relaciones sociales. Está próxima al caos o está condenada al retorno del padre, pero ahora bajo la forma pervertida del autoritarismo, de la dictadura y del terrorismo de Estado.
Gracias a Dios también podemos reconocer que por todas partes surgen figuras concretas de padres (padres, tíos, abuelos, parejas de las madres, hermanos mayores, docentes, pastores, etc.) que se inmunizaron contra la marca patriarcal y, dentro de la nueva sociedad emergente y mundializada, viven con dignidad, trabajan, cumplen sus deberes, muestran responsabilidad y determinación y, de esa manera, cumplen la función arquetípica y simbólica para con los hijos, función indispensable para que maduren su yo y, sin perplejidades y traumatismos, ingresen en la vida autónoma, hasta que sean padres y madres.
La figura de san José, el padre de Jesús, nos puede ayudar. No se trata de comparar modelos de padre, el de san José y el contemporáneo. Son tan distantes que prácticamente no hay puntos de contacto. Pero lo que nos interesa para los padres contemporáneos son las actitudes, los valores y las virtudes vividas por san José. Éstas son humanas y pueden inspirarnos.
La paternidad sana y vigorosa de san José fue la base para la experiencia espiritual de Jesús, que llamó a Dios Abbá (Papá). Si Jesús en su vida mostró extrema intimidad con Dios, llamándolo en el lenguaje infantil Abbá, significa que vivió una experiencia similar, de extrema intimidad, con su padre José.
San José nos ayuda en el retorno al padre. Su modo de vivir la paternidad puede enriquecer la identidad de los padres y suscitar en ellos audacia para enfrentar los desafíos de la sociedad moderna, especialmente en la fase de globalización de la humanidad”. (1)
En nuestra sociedad que experimenta la ausencia de la figura paterna, ¡cuánto tenemos que valorar y acompañar a tantos varones que se esfuerzan por ser verdaderos padres para sus hijos e hijas, alumnos y alumnas, sobrinos/as, nietos/as, hermanos/as menores, vecinos/as, comunidades de fe, etc.!
A todos estos verdaderos papás, les deseo un muy feliz día.
¡Que pasen un lindo domingo en familia!
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
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(1) cfr. Boff, Leonardo. San José, Padre de Jesús en una sociedad sin padre. Editorial Sal Terrae, Maliaño, Cantabria, 2007. Páginas 172-180
domingo, 17 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
El tiempo vivido
El tiempo vivido
Hola amiga/o.
Hoy quiero hacerte una invitación. Te invito a que dejes salir al buscador/a que hay en vos para que puedas vivir en plenitud y muy feliz la vida que se nos ha regalado.
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando; es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de sus abuelos. Luego de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, la pequeña ciudad. Un poco antes de llegar, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada. Una puerta chiquita de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y comenzó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Sus ojos eran los de un buscador, quizás por eso descubrió, sobre las piedras, aquella inscripción: “Pedro, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”.
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Ésta decía: “Juanita, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”.
El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, era una tumba. Una por una empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años...
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. “No, ningún familiar” -dijo el buscador- “¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la terrible maldición que pesa por sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?”
El anciano sonrió y dijo: “Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple los quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado... y a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media?... Y después... la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?... ¿Y el embarazo y nacimiento del primer hijo?... ¿Y el casamiento de los amigos?... ¿Y el viaje más deseado?... ¿Y el reencuentro con la familia?... ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?... Así... cada momento que disfrutamos lo vamos anotando en la libreta... cada momento.
Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.
Amiga/o, te deseo que seas muy feliz. Por eso te invito a ser un buscador y valorar el tiempo vivido.
Hasta el próximo encuentro
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
Hola amiga/o.
Hoy quiero hacerte una invitación. Te invito a que dejes salir al buscador/a que hay en vos para que puedas vivir en plenitud y muy feliz la vida que se nos ha regalado.
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando; es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de sus abuelos. Luego de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, la pequeña ciudad. Un poco antes de llegar, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada. Una puerta chiquita de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y comenzó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Sus ojos eran los de un buscador, quizás por eso descubrió, sobre las piedras, aquella inscripción: “Pedro, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”.
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Ésta decía: “Juanita, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”.
El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, era una tumba. Una por una empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años...
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. “No, ningún familiar” -dijo el buscador- “¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la terrible maldición que pesa por sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?”
El anciano sonrió y dijo: “Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple los quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado... y a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media?... Y después... la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?... ¿Y el embarazo y nacimiento del primer hijo?... ¿Y el casamiento de los amigos?... ¿Y el viaje más deseado?... ¿Y el reencuentro con la familia?... ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?... Así... cada momento que disfrutamos lo vamos anotando en la libreta... cada momento.
Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.
Amiga/o, te deseo que seas muy feliz. Por eso te invito a ser un buscador y valorar el tiempo vivido.
Hasta el próximo encuentro
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
Morteros, Córdoba (R.A.)
Morteros, Córdoba, Argentina
miércoles, 23 de mayo de 2012
La Patria vestida de fiesta
¡Hola amigo!
Hoy comparto contigo la reflexión del Diácono Lucas Trucco.
“Comienzo compartiendo una poesía que es para niños de jardín de infantes:
El 25 de Mayo es un día para vestir de fiesta nuestra vida, porque somos de este país. Tal vez quisiéramos haber nacido en otro lugar o irnos a vivir a otra parte, pero la realidad nos dice cada mañana: “Usted está aquí” –como dicen los carteles en esos lugares grandes donde uno se pierde a cada momento. El festejo del 25 de Mayo quiere, al igual que aquellos carteles, ubicarnos donde estamos, vivimos, nos movemos.
Podemos estar de acuerdo o no con la política actual, criticar a los de arriba o a los de abajo, mirar a otra bandera con cariño, ser simpatizante de tal o cual ideología, pero lo que no podemos es olvidarnos de que un país es más que una porción de territorio, es una comunidad que trata cada día de caminar junta.
Nunca debemos olvidar que, por más que algunos días grises cubran nuestros días, el sol siempre está –como afirma una vieja canción- latente para salir a iluminar nuestro caminar, para salir a darnos el calor de la esperanza y la confianza en los que caminan a nuestro lado.
Cuando nuestros niños dicen: “En cada boca… en cada pecho”… es más que un lugar físico, es saber que la patria se construye desde adentro, desde el alma. Y esto se expresa en las familias que se juntan a comer; en las manos amigas que aprovechan el feriado para tomar unos mates con torta frita; en los que, acordándose de las veces que sus abuelos y abuelas los visitaron, salen con todo el tiempo del mundo, y sin medir los minutos, a visitar a esos hombres y mujeres que traen la vida gastada por los años vividos y entregados por amor.
Esto es la patria: “celebrar juntos, estar juntos”. Este es el país que queremos. Más allá de creencias y políticas, todos estamos llamados a tender una mano amiga, porque antes nos la tendieron a nosotros: la señorita y compañeros del colegio, los profesores de la secundaria, los compañeros del trabajo, la familia. Todos somos deudores de ayudar a construir la comunidad, porque cada día, y entre todos, hay que construir la Patria nueva.
Cuando esta semana del 25 de Mayo prendas la escarapela en el pecho recordá que el amor a los colores celeste y blanco no sirve si queda en el egoísmo y la ambición. Recordá que al país lo hacemos entre todos. Es verdad que hay mucha gente que no le interesa y hace la suya, pero la gran mayoría de las personas que habitamos este país apostamos cada día por algo mejor.
Quizás no todos trabajan como uno quisiera, o no piensan igual que nosotros, pero cada uno desde lo que es y tiene ayuda a formar la herencia de quienes vienen detrás de nosotros. Porque lo cierto es que un día todos partiremos, y nuestros nombres quizás no sean recordados, pero nos iremos con la conciencia alegre y el corazón contento de que dimos todo lo que teníamos, que dejamos la marca en este suelo, que apostamos por lo mejor, y por sobre todas las cosas, que nuestro esfuerzo en el anonimato un día hará sonreír a los niños que orgullosos de su país y su gente recitarán: “El patio de mi escuelita (mi país) / (Hoy) se vistió todo de fiesta”.
¡Feliz Día de la Patria!
Hasta el próximo encuentro
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
Hoy comparto contigo la reflexión del Diácono Lucas Trucco.
“Comienzo compartiendo una poesía que es para niños de jardín de infantes:
El patio de mi escuelita
se vistió todo de fiesta
sol en todos los rincones
y flores en las macetas.
En cada boca una estrofa
con sabor a patria nueva
y en cada pecho argentino
prendida una escarapela. (Carlos D. Puig)
El 25 de Mayo es un día para vestir de fiesta nuestra vida, porque somos de este país. Tal vez quisiéramos haber nacido en otro lugar o irnos a vivir a otra parte, pero la realidad nos dice cada mañana: “Usted está aquí” –como dicen los carteles en esos lugares grandes donde uno se pierde a cada momento. El festejo del 25 de Mayo quiere, al igual que aquellos carteles, ubicarnos donde estamos, vivimos, nos movemos.
Podemos estar de acuerdo o no con la política actual, criticar a los de arriba o a los de abajo, mirar a otra bandera con cariño, ser simpatizante de tal o cual ideología, pero lo que no podemos es olvidarnos de que un país es más que una porción de territorio, es una comunidad que trata cada día de caminar junta.
Nunca debemos olvidar que, por más que algunos días grises cubran nuestros días, el sol siempre está –como afirma una vieja canción- latente para salir a iluminar nuestro caminar, para salir a darnos el calor de la esperanza y la confianza en los que caminan a nuestro lado.
Cuando nuestros niños dicen: “En cada boca… en cada pecho”… es más que un lugar físico, es saber que la patria se construye desde adentro, desde el alma. Y esto se expresa en las familias que se juntan a comer; en las manos amigas que aprovechan el feriado para tomar unos mates con torta frita; en los que, acordándose de las veces que sus abuelos y abuelas los visitaron, salen con todo el tiempo del mundo, y sin medir los minutos, a visitar a esos hombres y mujeres que traen la vida gastada por los años vividos y entregados por amor.
Esto es la patria: “celebrar juntos, estar juntos”. Este es el país que queremos. Más allá de creencias y políticas, todos estamos llamados a tender una mano amiga, porque antes nos la tendieron a nosotros: la señorita y compañeros del colegio, los profesores de la secundaria, los compañeros del trabajo, la familia. Todos somos deudores de ayudar a construir la comunidad, porque cada día, y entre todos, hay que construir la Patria nueva.
Cuando esta semana del 25 de Mayo prendas la escarapela en el pecho recordá que el amor a los colores celeste y blanco no sirve si queda en el egoísmo y la ambición. Recordá que al país lo hacemos entre todos. Es verdad que hay mucha gente que no le interesa y hace la suya, pero la gran mayoría de las personas que habitamos este país apostamos cada día por algo mejor.
Quizás no todos trabajan como uno quisiera, o no piensan igual que nosotros, pero cada uno desde lo que es y tiene ayuda a formar la herencia de quienes vienen detrás de nosotros. Porque lo cierto es que un día todos partiremos, y nuestros nombres quizás no sean recordados, pero nos iremos con la conciencia alegre y el corazón contento de que dimos todo lo que teníamos, que dejamos la marca en este suelo, que apostamos por lo mejor, y por sobre todas las cosas, que nuestro esfuerzo en el anonimato un día hará sonreír a los niños que orgullosos de su país y su gente recitarán: “El patio de mi escuelita (mi país) / (Hoy) se vistió todo de fiesta”.
¡Feliz Día de la Patria!
Hasta el próximo encuentro
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
sábado, 7 de abril de 2012
Toda muerte tiene su resurrección
¡Hola Amigo!
Una semana diferente, marcada por la memoria de Malvinas, por las celebraciones de la Pascua. Días de descanso, de viajes, y hasta cambios de comidas. Pensaba que Malvinas tiene tanto de muerte como de Resurrección, como la Pascua de Jesús que celebramos los cristianos cada año. Esto me hace pensar que toda muerte tiene su resurrección, que la vida tiene permanentemente esta dinámica.
La guerra de Malvinas nos trae a la memoria muchas muertes: físicas, psicológicas y también socioculturales y políticas. Aquellos jóvenes, las esperanzas de un pueblo, el dolor de muchas familias, la condena del olvido a los que regresaron. Pero no todo fue muerte, no todo terminó en esas muertes. Un pueblo que resurge, la llegada de la democracia, la movilización y agrupaciones de ex-combatientes que van buscando su lugar y una sociedad que lentamente les va reconociendo sus derechos y el valioso testimonio de arriesgar la vida por la Patria.
Si estos acontecimientos podemos asumirlos como criterios de vida y de discernimiento para nuestra realidad, podremos notar que toda muerte tiene su resurrección. Será necesario, claro, un cambio de mentalidad, de posicionarnos de otra manera en la vida. Lo mismo que encierra el mensaje de la Pascua de Jesús: un modo nuevo y diferente de afrontar la vida y de construir la historia. Sabemos que la muerte estará presente siempre, pero nos exigimos a no ser ni autores ni cómplices de ella. Porque tomamos conciencia de que no todo es muerte, sino de que la resurrección estará siempre latiendo como semilla de vida y anhelo de “nuevos tiempos”; de la resurrección sí tenemos que ser autores y cómplices.
Sin dudas, muchas veces nos quedamos encerrados en nuestras “tumbas”… en nuestros pasados muertos… en la añoranza de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Algo parecido les pasó a los primeros cristianos. La muerte de Jesús los dispersó, los encerró en sus propios mundos. El miedo y la desconfianza les ganaron el corazón. Pero lo que parecía un límite y una “piedra difícil de mover” pronto se transformó. La experiencia del encuentro y la memoria de los acontecimientos vividos, la vida entregada y puesta al servicio de todos por amor, transformaron el miedo y la desconfianza en un nuevo modo de vivir, de relacionarse y de afrontar la realidad. Una realidad que no dejaba de estar llena de muertes y amenazas, pero con la mirada y el corazón puestos en la Vida.
En esta dinámica pascual, de vida nueva, estamos invitados a vivir y afrontar nuestras muertes, nuestros límites y piedras pesadas de mover… Lo que nos puede parecer difícil de hacer, quizás, se transforme en esperanza mirando el testimonio de tantos hermanos de Malvinas que frente a la muerte eligieron seguir viviendo.
Que en ellos podamos descubrir la fuerza pascual de Jesús que sigue transformando toda muerte en resurrección. ¿No te parece?
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Hasta el próximo encuentro.
Jorge Trucco
Una semana diferente, marcada por la memoria de Malvinas, por las celebraciones de la Pascua. Días de descanso, de viajes, y hasta cambios de comidas. Pensaba que Malvinas tiene tanto de muerte como de Resurrección, como la Pascua de Jesús que celebramos los cristianos cada año. Esto me hace pensar que toda muerte tiene su resurrección, que la vida tiene permanentemente esta dinámica.
La guerra de Malvinas nos trae a la memoria muchas muertes: físicas, psicológicas y también socioculturales y políticas. Aquellos jóvenes, las esperanzas de un pueblo, el dolor de muchas familias, la condena del olvido a los que regresaron. Pero no todo fue muerte, no todo terminó en esas muertes. Un pueblo que resurge, la llegada de la democracia, la movilización y agrupaciones de ex-combatientes que van buscando su lugar y una sociedad que lentamente les va reconociendo sus derechos y el valioso testimonio de arriesgar la vida por la Patria.
Si estos acontecimientos podemos asumirlos como criterios de vida y de discernimiento para nuestra realidad, podremos notar que toda muerte tiene su resurrección. Será necesario, claro, un cambio de mentalidad, de posicionarnos de otra manera en la vida. Lo mismo que encierra el mensaje de la Pascua de Jesús: un modo nuevo y diferente de afrontar la vida y de construir la historia. Sabemos que la muerte estará presente siempre, pero nos exigimos a no ser ni autores ni cómplices de ella. Porque tomamos conciencia de que no todo es muerte, sino de que la resurrección estará siempre latiendo como semilla de vida y anhelo de “nuevos tiempos”; de la resurrección sí tenemos que ser autores y cómplices.
Sin dudas, muchas veces nos quedamos encerrados en nuestras “tumbas”… en nuestros pasados muertos… en la añoranza de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Algo parecido les pasó a los primeros cristianos. La muerte de Jesús los dispersó, los encerró en sus propios mundos. El miedo y la desconfianza les ganaron el corazón. Pero lo que parecía un límite y una “piedra difícil de mover” pronto se transformó. La experiencia del encuentro y la memoria de los acontecimientos vividos, la vida entregada y puesta al servicio de todos por amor, transformaron el miedo y la desconfianza en un nuevo modo de vivir, de relacionarse y de afrontar la realidad. Una realidad que no dejaba de estar llena de muertes y amenazas, pero con la mirada y el corazón puestos en la Vida.
En esta dinámica pascual, de vida nueva, estamos invitados a vivir y afrontar nuestras muertes, nuestros límites y piedras pesadas de mover… Lo que nos puede parecer difícil de hacer, quizás, se transforme en esperanza mirando el testimonio de tantos hermanos de Malvinas que frente a la muerte eligieron seguir viviendo.
Que en ellos podamos descubrir la fuerza pascual de Jesús que sigue transformando toda muerte en resurrección. ¿No te parece?
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Hasta el próximo encuentro.
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
Morteros, Córdoba (R.A.)
Morteros, Córdoba, Argentina
viernes, 23 de marzo de 2012
Nunca más
¡Hola amigo!
El sábado 24 celebramos el Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Una fecha de la que quizás no todos están convencidos, y tampoco todos entendemos lo mismo. Para algunos es una cuestión política, para otros, una oportunidad de darle lugar y voz a lo que por años estuvo silenciado. Es que lo mismo no pasa en lo cotidiano en otros ámbitos de la vida. Hay quienes tienen memoria, quienes prefieren borrar y empezar de cero, quienes nunca recuerdan nada y a quienes les molesta, y mucho, el hacer memoria del pasado.
La pregunta quizás pueda ser: ¿memoria para qué? Memoria de la historia, de los hechos y acontecimientos vividos, porque los pueblos que no recuerdan su pasado están condenados a repetir los mismos errores. Por eso decimos: “NUNCA MÁS.” Porque hacer memoria nos ayuda valorar las cosas buenas y seguir diciendo NUNCA MÁS a aquéllas que no han sido buenas, ni justas, ni dignas.
Este ejercicio no sólo nos ayuda a nosotros, sino también a las nuevas generaciones. Cuando tenemos que hacer memoria, necesitamos escuchar todas las voces, que todas las partes puedan tener las mismas posibilidades de expresarse. Pero hay una “realidad” que también tiene voz. Es por eso que podemos tener visiones diferentes de los hechos, podemos hasta justificar acciones realizadas de una manera determinada, pero todo queda juzgado a luz de la realidad de los hechos.
Volvemos la mirada hacia una historia de la cual, muchos han sido protagonistas, y otros la reciben como historia vivida por aquéllos. Quienes tengan que hacer una mirada objetiva, necesitarán tener en cuenta que cuando las cosas han tocado la carne propia, se sigue sufriendo el dolor de lo vivido. Quienes reciban lo vivido por otros, necesitarán recordar que no se trata de ser jueces de quienes vivieron la historia en carne propia.
Se trata de poder mirar desde la clave de la dignidad y la justicia los hechos, y buscar juntos los medios y las formas para que quienes obraron contra la ley, respondan ante la justicia, y para que quienes obraron en justicia puedan ser tomados por la comunidad como inspiración de los tiempos que vivimos.
No se trata de estar a favor o en contra, sino de asumir con responsabilidad y madurez una postura desde la cual podamos mirar la historia y decir: “NUNCA MÁS a los atropellos, desapariciones y torturas; NUNCA MÁS a la violencia y al uso autoritario del poder en cualquier ámbito de la vida.”
Una memoria que busca la verdad y la justicia, siempre será el camino más humano y más digno para toda sociedad democrática y libre. Esta fecha no es una cuestión de derecha o de izquierda, sino de dignidad y de respeto a los Derechos Humanos. Ojalá que todo lo que hagamos en torno a esta fecha, nos sirva para asegurar en nuestra sociedad la paz y la fraternidad. ¿No te parece? ¿Qué despertó en vos esta fecha?
Recuperar la dignidad de todo lo humano es lo que celebraremos el 25 de marzo en la liturgia católica: la fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios.
¡Un abrazo y hasta el próximo encuentro!
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
El sábado 24 celebramos el Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Una fecha de la que quizás no todos están convencidos, y tampoco todos entendemos lo mismo. Para algunos es una cuestión política, para otros, una oportunidad de darle lugar y voz a lo que por años estuvo silenciado. Es que lo mismo no pasa en lo cotidiano en otros ámbitos de la vida. Hay quienes tienen memoria, quienes prefieren borrar y empezar de cero, quienes nunca recuerdan nada y a quienes les molesta, y mucho, el hacer memoria del pasado.
La pregunta quizás pueda ser: ¿memoria para qué? Memoria de la historia, de los hechos y acontecimientos vividos, porque los pueblos que no recuerdan su pasado están condenados a repetir los mismos errores. Por eso decimos: “NUNCA MÁS.” Porque hacer memoria nos ayuda valorar las cosas buenas y seguir diciendo NUNCA MÁS a aquéllas que no han sido buenas, ni justas, ni dignas.
Este ejercicio no sólo nos ayuda a nosotros, sino también a las nuevas generaciones. Cuando tenemos que hacer memoria, necesitamos escuchar todas las voces, que todas las partes puedan tener las mismas posibilidades de expresarse. Pero hay una “realidad” que también tiene voz. Es por eso que podemos tener visiones diferentes de los hechos, podemos hasta justificar acciones realizadas de una manera determinada, pero todo queda juzgado a luz de la realidad de los hechos.
Volvemos la mirada hacia una historia de la cual, muchos han sido protagonistas, y otros la reciben como historia vivida por aquéllos. Quienes tengan que hacer una mirada objetiva, necesitarán tener en cuenta que cuando las cosas han tocado la carne propia, se sigue sufriendo el dolor de lo vivido. Quienes reciban lo vivido por otros, necesitarán recordar que no se trata de ser jueces de quienes vivieron la historia en carne propia.
Se trata de poder mirar desde la clave de la dignidad y la justicia los hechos, y buscar juntos los medios y las formas para que quienes obraron contra la ley, respondan ante la justicia, y para que quienes obraron en justicia puedan ser tomados por la comunidad como inspiración de los tiempos que vivimos.
No se trata de estar a favor o en contra, sino de asumir con responsabilidad y madurez una postura desde la cual podamos mirar la historia y decir: “NUNCA MÁS a los atropellos, desapariciones y torturas; NUNCA MÁS a la violencia y al uso autoritario del poder en cualquier ámbito de la vida.”
Una memoria que busca la verdad y la justicia, siempre será el camino más humano y más digno para toda sociedad democrática y libre. Esta fecha no es una cuestión de derecha o de izquierda, sino de dignidad y de respeto a los Derechos Humanos. Ojalá que todo lo que hagamos en torno a esta fecha, nos sirva para asegurar en nuestra sociedad la paz y la fraternidad. ¿No te parece? ¿Qué despertó en vos esta fecha?
Recuperar la dignidad de todo lo humano es lo que celebraremos el 25 de marzo en la liturgia católica: la fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios.
¡Un abrazo y hasta el próximo encuentro!
Jorge Trucco
E-mail: jftrucco@gmail.com
Morteros, Córdoba (R.A.)
Morteros, Córdoba, Argentina
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